Cuando el Instituto Americano de Arquitectos anunció el AIA Gold Medal 2019 para Richard Rogers, muchos pensamos que por fin se cerraba un círculo. Rogers tenía 85 años, cinco décadas de obra construida y prácticamente todos los premios importantes, pero le faltaba el máximo reconocimiento de la AIA, ese que habían recibido Frank Lloyd Wright, Le Corbusier, Louis Kahn e I.M. Pei antes que él.
No fue una sorpresa, fue una confirmación. El fundador de Rogers Stirk Harbour + Partners no solo había construido edificios icónicos, había construido una forma de entender la ciudad como un lugar para la gente. Desde el Centre Pompidou en París hasta el Three World Trade Center en Nueva York, su cartera contaba una historia coherente: la tecnología al servicio de lo cívico, no al revés.
Lo bonito del anuncio fue ver quién lo respaldaba. No fue un comité anónimo. Fueron sus colegas y amigos: Moshe Safdie, Renzo Piano y Deyan Sudjic. Piano, con quien compartió el Pompidou y el Pritzker en épocas distintas, y Safdie, otro humanista de la arquitectura, firmaron cartas que hablaban de su impacto social, no solo de su ingenio estructural. Eso dice mucho de por qué ganó el AIA Gold Medal 2019.

Del Pompidou al Three World Trade Center: el recorrido que llevó a Rogers al AIA Gold Medal 2019
Para entender el AIA Gold Medal 2019 hay que volver a 1977, a París, a un edificio que la gente odió al principio. El Centre Pompidou, hecho con Renzo Piano, puso las tripas por fuera: estructura, ductos, escaleras, todo a la vista. Era una provocación, pero también era una declaración política. La cultura debía ser transparente, accesible, sin muros que la escondieran.
Esa idea del high-tech humano lo acompañó toda la vida. No era tecnología por tecnología, era tecnología para liberar la planta, para crear espacios flexibles, para que la gente pudiera apropiarse del edificio. El Lloyd’s de Londres, con sus servicios en el exterior, o la sede de la Asamblea de Gales, con su cubierta de madera que respira democracia, siguen esa misma lógica que el jurado del AIA Gold Medal 2019 valoró.
Y luego está el Three World Trade Center, terminado poco antes del premio. Un rascacielos de 80 pisos en la zona cero de Manhattan que tenía que ser muchas cosas a la vez: memorial, oficina eficiente y símbolo de resiliencia. Rogers lo resolvió con un núcleo desplazado, con vistas al memorial y con una estructura que deja plantas libres de columnas. No es un gesto de ego, es un gesto urbano.
Obras clave citadas en el AIA Gold Medal 2019
| Obra | Año | Idea principal | Lección para hoy |
| Centre Pompidou, París con Piano | 1977 | Estructura y servicios por fuera, planta libre | Transparencia radical como gesto democrático y flexibilidad total |
| Lloyd’s of London, Londres | 1986 | Servicios en torres exteriores, interior diáfano | Honestidad técnica y plantas que cambian sin demoler |
| Senedd, Asamblea de Gales, Cardiff | 2006 | Cubierta de madera que evoca bosque y transparencia política | Material cálido y legibilidad cívica en edificio institucional |
| Three World Trade Center, NY | 2018 | Núcleo desplazado, vistas al memorial y plantas sin columnas | Rascacielos que respeta memoria y regala eficiencia urbana |
¿Porqué Richard Rogers ganó el AIA Gold Medal 2019 a los 85 años y no antes?
La AIA Gold Medal se otorga anualmente a un arquitecto en reconocimiento a su legado en el campo. No es un premio a una obra del año, es un premio a una vida. Rogers era el ganador número 75 de la lista, y si miras quiénes están antes que él, entiendes el peso: Frank Lloyd Wright, Louis Sullivan, Le Corbusier, Louis Kahn, Thom Mayne, Moshe Safdie. Entrar ahí no es solo por talento, es por influencia duradera.
Rogers ya había ganado la Royal Gold Medal del RIBA en 1985, el Praemium Imperiale de Japón en 2000, fue nombrado caballero por la reina Isabel II en 1991 y ganó el Pritzker en 2007 y dos Stirling en 2006 y 2009. Le faltaba la medalla americana, que tiene una mirada particular: valora no solo la obra construida, sino el impacto cívico y la generosidad profesional.
Y ahí Rogers era imbatible. Llevó décadas escribiendo y peleando por ciudades compactas, por transporte público, por vivienda social bien diseñada y por espacios públicos de calidad. Su libro Ciudades para un pequeño planeta es de 1997 y sigue vigente. El jurado del AIA Gold Medal 2019 no solo vio a un diseñador de alta tecnología, vio a un activista urbano que usó la arquitectura para mejorar la vida de la gente común.
High-tech con corazón: la arquitectura que el AIA Gold Medal 2019 quiso poner en valor
Cuando pensamos en high-tech, muchos imaginan estructuras frías y detalles metálicos. Rogers le dio la vuelta. Para él, mostrar la estructura era un acto de honestidad, y liberar la planta era un acto democrático. Si sacas los servicios al perímetro, dejas el centro libre para que la gente decida cómo usarlo. Esa flexibilidad es profundamente social, aunque se vea muy tecnológica.
En el Pompidou, esa idea se volvió icono. En el Millennium Dome, en la Terminal 4 de Barajas junto a Estudio Lamela, o en el Maggie’s Centre de Londres, se volvió cuidado. El color también era parte del lenguaje: esos amarillos, rojos y azules no eran decoración, eran código. Te decían por dónde circulabas, dónde estaba la estructura, dónde respiraba el edificio. Era legibilidad, no capricho.
Lo que el AIA Gold Medal 2019 puso sobre la mesa es que esa arquitectura sigue siendo relevante hoy, cuando hablamos de sostenibilidad y de reutilización. Un edificio flexible, con plantas libres y estructura clara, se adapta mejor a nuevos usos y dura más. Rogers no hablaba de sostenibilidad como paneles solares, hablaba de edificios longevos que la gente quiere y que la ciudad necesita.
Principios del high-tech humano premiado en el AIA Gold Medal 2019
| Principio | Qué significa | Cómo se ve en obra | Beneficio a largo plazo |
| Planta libre | Servicios al perímetro, centro adaptable | Espacios diáfanos sin columnas, mobiliario móvil | Reutilización y cambio de uso sin demolición mayor |
| Honestidad estructural | Mostrar cómo está hecho el edificio | Estructura, ductos y escaleras legibles y con color-código | Mantenimiento fácil y educación del usuario |
| Flexibilidad cívica | Arquitectura que invita a la apropiación | Plantas bajas porosas, plazas y porches que regalan sombra | Ciudad más caminable y edificios queridos |
| Color como información | El color no decora, orienta | Amarillos para circulación, azules para estructura, rojos para servicios | Legibilidad inmediata y menos señalización |
El peso de los respaldos: Renzo Piano, Moshe Safdie y el círculo del AIA Gold Medal 2019
Hay premios que se ganan por expediente y hay premios que se ganan por el respeto de tus pares. El AIA Gold Medal 2019 fue de los segundos. Que Renzo Piano, con quien compartió el riesgo del Pompidou cuando ambos eran jóvenes y desconocidos, escribiera en su apoyo, tiene un valor simbólico enorme. No era solo una carta, era la confirmación de una amistad de cincuenta años basada en una idea común de arquitectura.
Moshe Safdie, que también había ganado la medalla antes, aportó otra lectura. Safdie y Rogers compartían la obsesión por la vivienda y por la ciudad. Safdie con Habitat 67, Rogers con sus propuestas de vivienda urbana compacta en Londres. Esa mirada social fue la que Deyan Sudjic, crítico y director del Design Museum, reforzó en su respaldo: Rogers no era solo un constructor de iconos, era un pensador de la ciudad.
Ese tipo de respaldos le importan mucho a la AIA porque la medalla no solo reconoce talento individual, reconoce liderazgo en la profesión. Rogers formó a generaciones en Rogers Stirk Harbour + Partners, peleó por mejores normativas urbanas en el parlamento británico cuando fue Lord y usó su título no para cerrar puertas, sino para abrir el debate sobre vivienda asequible y espacio público.
¿Qué nos enseña hoy el AIA Gold Medal 2019 de Rogers para diseñar mejor en Latinoamérica?
Puede parecer lejano hablar del AIA Gold Medal 2019 de un arquitecto británico en un blog que leen arquitectos en México, Colombia o Argentina, pero su lección es muy cercana. Rogers nos enseñó que la tecnología no tiene que ser importada y cara para ser sofisticada. Puede ser una estructura bien pensada que te permite construir con lo que tienes a la mano y dejar espacio para que la gente complete el edificio.
En ciudades donde el presupuesto es limitado y el clima es exigente, su idea de flexibilidad es oro. Plantas libres que hoy son oficinas y mañana pueden ser aulas, estructura aparente que no necesita acabados costosos para verse bien y servicios registrables que facilitan el mantenimiento. Esa es una forma de sostenibilidad que no depende de certificaciones caras, sino de sentido común y de respeto por el usuario.
Y sobre todo, nos deja la idea de que el espacio público no es el residuo entre edificios, es el proyecto principal. Rogers peleó toda su vida para que las plantas bajas fueran porosas, para que las plazas fueran realmente públicas y para que la ciudad se pudiera caminar. Si aplicamos eso al AIA Gold Medal 2019 como pretexto, cada proyecto, por pequeño que sea, puede ser una oportunidad para mejorar la calle.
La lista de los 75: dónde coloca el AIA Gold Medal 2019 a Richard Rogers en la historia
Ser el ganador número 75 del AIA Gold Medal coloca a Rogers en una genealogía muy particular. No es una lista cronológica de modas, es una lista de arquitectos que cambiaron la manera en que entendemos la profesión. Wright con la casa de la pradera, Sullivan con el rascacielos, Le Corbusier con la máquina de habitar, Kahn con la monumentalidad moderna, Pei con la geometría cívica y Mayne con la energía urbana.
Rogers entra en esa lista por una razón muy clara: hizo del high-tech un lenguaje cívico. Antes de él, la tecnología en arquitectura era símbolo de poder corporativo. Después de él, podía ser símbolo de accesibilidad y de transparencia. El Pompidou le dijo a París que el museo no era un palacio, era una fábrica de cultura abierta a todos. Esa inversión de valores es la que lo hace histórico.
Y es importante recordarlo ahora que Rogers ya no está con nosotros. Murió en 2021, dos años después del AIA Gold Medal 2019, y su oficina sigue trabajando con los principios que él estableció. La medalla no fue un homenaje póstumo anticipado, fue un reconocimiento en vida a alguien que seguía dibujando, discutiendo y peleando por mejores ciudades a los 85 años.
Checklist práctico: qué tomar de Rogers después del AIA Gold Medal 2019
Si quieres llevarte algo concreto del AIA Gold Medal 2019 a tu próximo proyecto, empieza por esto: libera la planta. No llenes todo de muros fijos desde el día uno. Piensa en una estructura clara, con servicios agrupados y registrables, que permita que el espacio cambie con el tiempo. Esa flexibilidad es el mejor regalo que le puedes dar a tu cliente, aunque no lo vea en el render inicial.
Segundo, muestra con honestidad cómo está hecho tu edificio. No escondas todo detrás de plafones. Si la estructura es buena, déjala ver. Si las instalaciones están bien pensadas, que se lean. Esa legibilidad no solo ahorra dinero, también educa al usuario y hace que el edificio sea más fácil de mantener y de querer.
Tercero, regala algo a la ciudad. Un retranqueo que da sombra, una banca que no estaba en el programa, un porche que protege de la lluvia. Rogers decía que la ciudad es el proyecto colectivo más importante que tenemos. El AIA Gold Medal 2019 nos recuerda que cada edificio, por privado que sea, tiene una responsabilidad pública.
Checklist para aplicar lecciones del AIA Gold Medal 2019 en tu próximo proyecto
| Acción | Pregunta que te haces | Solución tipo Rogers | Resultado esperado |
| Liberar la planta | ¿Puede este espacio cambiar de uso en 10 años? | Estructura clara, servicios agrupados y registrables | Oficina hoy, aula mañana sin obra mayor |
| Mostrar la verdad | ¿Qué puedo dejar a la vista con orgullo? | Dejar estructura y parte de instalaciones legibles y bien detalladas | Ahorro en acabados y mantenimiento más honesto |
| Usar el color con intención | ¿Mi color orienta o solo decora? | Paleta codificada para circulación y servicios, no solo estética | Menos letreros y más intuición en el recorrido |
| Regalar a la calle | ¿Qué le doy a la ciudad que no me pidieron? | Retranqueo con sombra, banca, porche o plaza pequeña en planta baja | Edificio que mejora la calle y genera afecto vecinal |
| Pensar en longevidad | ¿Este edificio va a querer quedarse 50 años? | Materiales honestos, plantas flexibles y estructura longeva | Sostenibilidad real por durabilidad y cariño colectivo |
El mundo de la arquitectura ha cambiado mucho. Hablamos de inteligencia artificial, de madera masiva, de descarbonización y de vivienda incremental. Y sin embargo, las ideas de Rogers siguen sonando actuales porque nunca fueron sobre una forma, fueron sobre una actitud.
La actitud de creer que la arquitectura puede hacer la vida urbana un poco más justa, un poco más legible y un poco más alegre. Que la tecnología no es un fin, sino un medio para liberar espacio y para cuidar a la gente. Que un arquitecto puede ser Lord y al mismo tiempo pelear por vivienda social sin contradicción.
El AIA Gold Medal 2019 no fue solo una medalla para un arquitecto británico de 85 años que había hecho el Pompidou y el Three World Trade Center. Fue un recordatorio de que la arquitectura high-tech, cuando tiene corazón, puede ser profundamente humana. Y esa lección, en un momento donde todo parece volverse más virtual, vale más que nunca.
¿Qué pasó después del AIA Gold Medal 2019 y cómo se mantiene vivo el legado de Rogers?
Después del AIA Gold Medal 2019, Rogers no se retiró a una casa de campo a escribir memorias. Siguió yendo a la oficina, siguió discutiendo detalles de fachada y siguió peleando en público por la vivienda asequible en Londres. Tenía 85 años cuando recibió la medalla y, en lugar de bajar el ritmo, usó el altavoz que le daba el premio para insistir en que la ciudad no es un negocio inmobiliario, es un acuerdo colectivo. Esa coherencia entre lo que decía y lo que hacía es la que hace que hoy, en 2026, su figura no se sienta lejana.
Murió en diciembre de 2021, apenas dos años después de la medalla, y dejó una oficina que no gira alrededor de un nombre, sino alrededor de unos principios muy claros que siguen vigentes. Rogers Stirk Harbour + Partners, ahora RSHP, sigue trabajando con la idea de planta libre, de estructura legible y de planta baja generosa. No es una marca que vende la firma de un starchitect, es un taller que defiende una forma de hacer ciudad. Por eso el AIA Gold Medal 2019 no fue un punto final, fue un punto y seguido que la propia oficina se encargó de continuar.
Si visitas hoy el Leadenhall Building, el Cheesegrater, o si caminas por la zona del Three World Trade Center y miras hacia arriba, ves esa misma obsesión por dejar que la estructura haga el trabajo y que el espacio interior respire. No hay decoración innecesaria, hay claridad. Y esa claridad, en un momento donde todo parece volverse más complejo y más opaco, se siente casi como un acto de generosidad. Rogers nos enseñó que la sofisticación no es añadir, es quitar lo que sobra hasta que solo quede lo esencial y lo útil para la gente.
Preguntas frecuentes sobre el AIA Gold Medal 2019 de Richard Rogers
Estas son las dudas que más me llegan cuando explico en clase por qué Rogers ganó esta medalla y qué podemos aprender de él sin copiar su forma, sino su actitud.
¿Qué es exactamente el AIA Gold Medal 2019 y por qué Richard Rogers lo ganó?
Es la medalla de oro del Instituto Americano de Arquitectos, su máximo galardón anual a un legado completo, no a una obra del año. Rogers la ganó en 2019 a los 85 años como ganador número 75, respaldado por Renzo Piano, Moshe Safdie y Deyan Sudjic, por su cartera que va del Centre Pompidou al Three World Trade Center y por su enfoque de high-tech cívico y social.
¿Qué edificios de Richard Rogers pesaron más para el AIA Gold Medal 2019?
El jurado citó la amplitud de su obra, pero tres son clave: el Centre Pompidou de 1977 con Piano por su transparencia radical, el edificio Lloyd’s de Londres por llevar los servicios al exterior y liberar la planta, y el Three World Trade Center terminado poco antes del premio por resolver un rascacielos en zona cero con núcleo desplazado y plantas libres.
¿Qué otros premios tenía Rogers antes del AIA Gold Medal 2019?
Prácticamente todos: Royal Gold Medal del RIBA en 1985, Praemium Imperiale en Japón en 2000, nombramiento como caballero por la reina Isabel II en 1991, Pritzker en 2007 y dos Stirling en 2006 y 2009. La AIA Gold Medal era la pieza que le faltaba para completar el círculo de reconocimientos internacionales más importantes.
¿En qué se diferencia el high-tech de Rogers del high-tech frío que muchos imaginan?
Para Rogers no era tecnología por tecnología. Mostrar la estructura y los ductos era honestidad y liberar la planta era democracia. Usaba el color como código de circulación, no como decoración. Esa idea hace que sus edificios sean flexibles, adaptables y más sostenibles a largo plazo porque duran y se transforman sin demolición.
¿Qué lección práctica nos deja hoy el AIA Gold Medal 2019 para Latinoamérica?
Tres lecciones muy aplicables: libera la planta con estructura clara y servicios registrables para que el edificio cambie con el tiempo, muestra con honestidad cómo está hecho para ahorrar acabados y facilitar mantenimiento, y regala algo a la ciudad en planta baja. Rogers creía que la ciudad es el proyecto colectivo más importante, y cada obra puede mejorar la calle.
Descubre aquí más contenido sobre Arquitectura
Sustentabilidad: Qué es, Principios y Ecotécnias

